Estoy tan cansada de estar aquí
suprimida por todos mis temores infantiles
y si tienes que irte, desearía que solo te fueras
porque tu presencia todavia persiste aquí
y no me dejará sola...
Estas heridas no parecen sanar
este dolor es demasiado real
hay tanto que el tiempo no puede borrar
Cuando llorabas, yo secaba todas tus lágrimas
cuando gritabas, combatí todos tus miedos
y sostuve tu mano a través de todos estos años
pero todavía tienes... todo de mí...
Solías cautivarme por tu resonante luz
pero ahora estoy unida a la vida que dejaste atrás
tu cara persigue los que una vez fueron sueños placenteros
tu voz a alejado toda la sensatez que habia en mi
Estas heridas no parecen sanar
este dolor es demasiado real
hay tanto que el tiempo no puede borrar
Cuando llorabas, yo secaba todas tus lágrimas
cuando gritabas, combatí todos tus miedos
y sostuve tu mano a través de todos estos años
pero todavía tienes... todo de mí...
Traté fervientemente de decirme a mí misma que te habías ido
pero aunque pensé que aún estarías onmigo
he estado sola todo este tiempo...
Cuando llorabas, yo secaba todas tus lágrimas
cuando gritabas, combatí todos tus miedos
y sostuve tu mano a través de todos estos años
pero todavía tienes... todo de mí....
jueves, 24 de febrero de 2011
miércoles, 17 de noviembre de 2010
A solas contigo...
Recuerdo que hace algunos dias busque la forma de reclamarte, habian pasado semanas, quizás hasta meses y a decir verdad, cada segundo que pasaba mi corazón desfallecía más y más... me endurecí, solo para evitar que esta tormenta de emociones terminara de destruirme, pensé que tal vez siendo más racional, dejaría de sentir lo que siento... como tantas otras veces, invoqué con mis labios tu nombre, en la oscuridad y el silencio de la noche, dispuesta a sacar todo lo que había dentro de mí, a exponer mi causa delante de tus ojos, para que de alguna manera tú me dieras la respuesta que ignoraba y que honestamente, aun ignoro... allí al intentar reclamarte, me di cuenta que mis palabras y quejas, poco a poco perdían su valor y que lo antes parecían firmes argumentos, se debilitaban a cada pausa que hacía, para pensar como reformularlos...
sería necio de mi parte preguntarte si acaso sabes como me siento, no tendría sentido exponerte mi dolor, no hay razon que justifique el pensar que no me entiendes... por primera vez senti que pusiste un espejo en frente de mi, y mi propio reflejo acalló mis labios. Me confrontaste, como tantas otras veces y honestamente no exisitio un minimo punto de comparación... quería explicarte la soledad de mi corazón, quería reclamarte por lo que sucedía a mi alrededor y en ese instante, no pude evitar pensar en ¿que es lo que me hace diferente?, ¿cuantas veces te herí?, ¿cuantas te decepcioné?... Compartiste con doce hombres y a pesar de que vivieron las cosas mas increibles contigo, cuando mas los necesitabas, te dejaron, ¿como podria comparar mis sentimientos a los tuyos?... no tengo palabras, te las llevaste solo con pararte frente a mi... recordé un Elías cansado, agobiado, un Elías de brazos caídos y de corazón temeroso, huyendo de sus enemigos y temiendo por su vida... al enfrentar tu presencia explicó sus temores, sus miedos, su dolor y la única respuesta que recibió, fue la simple orden de seguir adelante...
Esta vez he comprendido, que el propósito va más allá de mi misma y que tampoco se detendrá aunque a momentos lo anhele con todas mis fuerzas, no puedo dejarte, eres como un fuego metido en mis huesos, una marca profunda que durará para siempre... seguiré a pesar de todo y de todos, el dolor no desaparecerá, pero no me detendré a causa de él, me hiciste entender lo que significa "puestos los ojos en jesus", se que a pesar de todo nada puede separarme de tu amor, ni aun... yo misma...
sería necio de mi parte preguntarte si acaso sabes como me siento, no tendría sentido exponerte mi dolor, no hay razon que justifique el pensar que no me entiendes... por primera vez senti que pusiste un espejo en frente de mi, y mi propio reflejo acalló mis labios. Me confrontaste, como tantas otras veces y honestamente no exisitio un minimo punto de comparación... quería explicarte la soledad de mi corazón, quería reclamarte por lo que sucedía a mi alrededor y en ese instante, no pude evitar pensar en ¿que es lo que me hace diferente?, ¿cuantas veces te herí?, ¿cuantas te decepcioné?... Compartiste con doce hombres y a pesar de que vivieron las cosas mas increibles contigo, cuando mas los necesitabas, te dejaron, ¿como podria comparar mis sentimientos a los tuyos?... no tengo palabras, te las llevaste solo con pararte frente a mi... recordé un Elías cansado, agobiado, un Elías de brazos caídos y de corazón temeroso, huyendo de sus enemigos y temiendo por su vida... al enfrentar tu presencia explicó sus temores, sus miedos, su dolor y la única respuesta que recibió, fue la simple orden de seguir adelante...
Esta vez he comprendido, que el propósito va más allá de mi misma y que tampoco se detendrá aunque a momentos lo anhele con todas mis fuerzas, no puedo dejarte, eres como un fuego metido en mis huesos, una marca profunda que durará para siempre... seguiré a pesar de todo y de todos, el dolor no desaparecerá, pero no me detendré a causa de él, me hiciste entender lo que significa "puestos los ojos en jesus", se que a pesar de todo nada puede separarme de tu amor, ni aun... yo misma...
lunes, 27 de septiembre de 2010
Paz en la Tormenta.
Cuando lloras por las veces que intentaste
Y tratas de olvidar las lagrimas que lloraste
Solo tienes pena y tristeza
El futuro incierto espera
Puedes tener Paz En La Tormenta
Muchas veces yo me siento igual que tu
Y mi corazon, anhela algo real
El Señor viene en mi y me ayuda a serguir
En paz en medio de la tormenta.
Puedes tener; Paz En La Tormenta
Fe y Esperanza cuando no puedas seguir
Aun con tu mundo hecho pedazos
El Señor guiara tus pasos
En paz en medio de la tormenta
Y tratas de olvidar las lagrimas que lloraste
Solo tienes pena y tristeza
El futuro incierto espera
Puedes tener Paz En La Tormenta
Muchas veces yo me siento igual que tu
Y mi corazon, anhela algo real
El Señor viene en mi y me ayuda a serguir
En paz en medio de la tormenta.
Puedes tener; Paz En La Tormenta
Fe y Esperanza cuando no puedas seguir
Aun con tu mundo hecho pedazos
El Señor guiara tus pasos
En paz en medio de la tormenta
viernes, 27 de agosto de 2010
Salmo 27
Jehová es mi luz y mi salvación; ¿de quién temeré?
Jehová es la fortaleza de mi vida; ¿de quién he de atemorizarme?
Cuando se juntaron contra mí los malignos, mis angustiadores y mis enemigos,
Para comer mis carnes, ellos tropezaron y cayeron.
Aunque un ejército acampe contra mí,
No temerá mi corazón;
Aunque contra mí se levante guerra,
Yo estaré confiado.
Una cosa he demandado a Jehová, ésta buscaré;
Que esté yo en la casa de Jehová todos los días de mi vida,
Para contemplar la hermosura de Jehová, y para inquirir en su templo.
Porque él me esconderá en su tabernáculo en el día del mal;
Me ocultará en lo reservado de su morada;
Sobre una roca me pondrá en alto.
Luego levantará mi cabeza sobre mis enemigos que me rodean,
Y yo sacrificaré en su tabernáculo sacrificios de júbilo;
Cantaré y entonaré alabanzas a Jehová.
Oye, oh Jehová, mi voz con que a ti clamo;
Ten misericordia de mí, y respóndeme.
Mi corazón ha dicho de ti: Buscad mi rostro.
Tu rostro buscaré, oh Jehová;
No escondas tu rostro de mí.
No apartes con ira a tu siervo;
Mi ayuda has sido.
No me dejes ni me desampares, Dios de mi salvación.
Aunque mi padre y mi madre me dejaran,
Con todo, Jehová me recogerá.
Enséñame, oh Jehová, tu camino,
Y guíame por senda de rectitud
A causa de mis enemigos.
No me entregues a la voluntad de mis enemigos;
Porque se han levantado contra mí testigos falsos, y los que respiran crueldad.
Hubiera yo desmayado, si no creyese que veré la bondad de Jehová
En la tierra de los vivientes.
Aguarda a Jehová;
Esfuérzate, y aliéntese tu corazón;
Sí, espera a Jehová.
Jehová es la fortaleza de mi vida; ¿de quién he de atemorizarme?
Cuando se juntaron contra mí los malignos, mis angustiadores y mis enemigos,
Para comer mis carnes, ellos tropezaron y cayeron.
Aunque un ejército acampe contra mí,
No temerá mi corazón;
Aunque contra mí se levante guerra,
Yo estaré confiado.
Una cosa he demandado a Jehová, ésta buscaré;
Que esté yo en la casa de Jehová todos los días de mi vida,
Para contemplar la hermosura de Jehová, y para inquirir en su templo.
Porque él me esconderá en su tabernáculo en el día del mal;
Me ocultará en lo reservado de su morada;
Sobre una roca me pondrá en alto.
Luego levantará mi cabeza sobre mis enemigos que me rodean,
Y yo sacrificaré en su tabernáculo sacrificios de júbilo;
Cantaré y entonaré alabanzas a Jehová.
Oye, oh Jehová, mi voz con que a ti clamo;
Ten misericordia de mí, y respóndeme.
Mi corazón ha dicho de ti: Buscad mi rostro.
Tu rostro buscaré, oh Jehová;
No escondas tu rostro de mí.
No apartes con ira a tu siervo;
Mi ayuda has sido.
No me dejes ni me desampares, Dios de mi salvación.
Aunque mi padre y mi madre me dejaran,
Con todo, Jehová me recogerá.
Enséñame, oh Jehová, tu camino,
Y guíame por senda de rectitud
A causa de mis enemigos.
No me entregues a la voluntad de mis enemigos;
Porque se han levantado contra mí testigos falsos, y los que respiran crueldad.
Hubiera yo desmayado, si no creyese que veré la bondad de Jehová
En la tierra de los vivientes.
Aguarda a Jehová;
Esfuérzate, y aliéntese tu corazón;
Sí, espera a Jehová.
lunes, 23 de agosto de 2010
Los cien dias del Plebeyo...
Una bella princesa estaba buscando consorte. Nobles y ricos pretendientes llegaban de todas partes con maravillosos regalos: joyas, tierras, ejércitos, tronos... Entre los candidatos se encontraba un joven plebeyo que no tenía más riquezas que el amor y la perseverancia. Cuando le llegó el momento de hablar, dijo:
—Princesa, te he amado toda la vida. Como soy un hombre pobre y no tengo tesoros para darte, te ofrezco mi sacrificio como prueba de amor. Estaré cien días sentado bajo tu ventana, sin más alimentos que la lluvia y sin más ropas que las que llevo puestas. Esa será mi dote.
La princesa, conmovida por semejante gesto de amor, decidió aceptar:
—Tendrás tu oportunidad: si pasas esa prueba, me desposarás.
Así pasaron las horas y los días. El pretendiente permaneció afuera del palacio, soportando el sol, los vientos, la nieve y las noches heladas. Sin pestañear, con la vista fija en el balcón de su amada, el valiente súbdito siguió firme en su empeño sin desfallecer un momento.
De vez en cuando la cortina de la ventana real dejaba traslucir la esbelta figura de la princesa, que con un noble gesto y una sonrisa aprobaba la faena. Todo iba a las mil maravillas, se hicieron apuestas y algunos optimistas comenzaron a planear los festejos.
Al llegar el día noventa y nueve, los pobladores de la zona salieron a animar al próximo monarca. Todo era alegría y jolgorio, pero cuando faltaba una hora para cumplirse el plazo, ante la mirada atónita de los asistentes y la perplejidad de la princesa, el joven se levantó y, sin dar explicación alguna, se alejó lentamente del lugar donde había permanecido cien días.
Unas semanas después, mientras deambulaba por un solitario camino, un niño de la comarca lo alcanzó y le preguntó a quemarropa:
—¿Qué te ocurrió? Estabas a un paso de lograr la meta, ¿por qué perdiste esa oportunidad? ¿Por qué te retiraste?
Con profunda consternación y lágrimas mal disimuladas, el plebeyo contestó en voz baja:
—La princesa no me ahorró ni un día de sufrimiento, ni siquiera una hora. No merecía mi amor.
Cuando estamos dispuestos a dar lo mejor de nosotros mismos como prueba de afecto o lealtad, incluso a riesgo de perder nuestra dignidad, merecemos al menos una palabra de comprensión o estímulo. Las personas tienen que hacerse merecedoras del amor que se les ofrece...
—Princesa, te he amado toda la vida. Como soy un hombre pobre y no tengo tesoros para darte, te ofrezco mi sacrificio como prueba de amor. Estaré cien días sentado bajo tu ventana, sin más alimentos que la lluvia y sin más ropas que las que llevo puestas. Esa será mi dote.
La princesa, conmovida por semejante gesto de amor, decidió aceptar:
—Tendrás tu oportunidad: si pasas esa prueba, me desposarás.
Así pasaron las horas y los días. El pretendiente permaneció afuera del palacio, soportando el sol, los vientos, la nieve y las noches heladas. Sin pestañear, con la vista fija en el balcón de su amada, el valiente súbdito siguió firme en su empeño sin desfallecer un momento.
De vez en cuando la cortina de la ventana real dejaba traslucir la esbelta figura de la princesa, que con un noble gesto y una sonrisa aprobaba la faena. Todo iba a las mil maravillas, se hicieron apuestas y algunos optimistas comenzaron a planear los festejos.
Al llegar el día noventa y nueve, los pobladores de la zona salieron a animar al próximo monarca. Todo era alegría y jolgorio, pero cuando faltaba una hora para cumplirse el plazo, ante la mirada atónita de los asistentes y la perplejidad de la princesa, el joven se levantó y, sin dar explicación alguna, se alejó lentamente del lugar donde había permanecido cien días.
Unas semanas después, mientras deambulaba por un solitario camino, un niño de la comarca lo alcanzó y le preguntó a quemarropa:
—¿Qué te ocurrió? Estabas a un paso de lograr la meta, ¿por qué perdiste esa oportunidad? ¿Por qué te retiraste?
Con profunda consternación y lágrimas mal disimuladas, el plebeyo contestó en voz baja:
—La princesa no me ahorró ni un día de sufrimiento, ni siquiera una hora. No merecía mi amor.
Cuando estamos dispuestos a dar lo mejor de nosotros mismos como prueba de afecto o lealtad, incluso a riesgo de perder nuestra dignidad, merecemos al menos una palabra de comprensión o estímulo. Las personas tienen que hacerse merecedoras del amor que se les ofrece...
sábado, 21 de agosto de 2010
Pasos de Fe...
¿Que es lo que lleva a un hombre a enfrentar lo desconocido?¿a desafiar las posibilidades y la adversidad para obtener la victoria, aún cuando es sumamente imposible?...cada vez que leo la biblia, no puedo evitar pensar que cada uno de esos personajes, no es muy distinto a lo nosotros somos, es probable que neciamente los idealicemos como grandes instrumentos en las manos de Dios, no te equivoques, no digo que no lo sean, simplemente digo, que a pesar de todo el potencial que fluía a través de ellos, nunca dejaron de ser hombres…¿Qué fue entonces lo que marcó la diferencia?... a muchos e oído declarar fervientemente el mensaje de Cristo, proclamar a viva voz sus promesas e incluso instar a otros a tomarlas con fe, pero al momento de tener que usarlas para su propia vida, simplemente sus convicciones se desvanecen…
Creo que la historia de David es bastante popular entre los creyentes, recuerdo haberla oído cientos de veces, un relato tan maravilloso, donde un pequeño niño se enfrentaba a un gigante, sin más que una onda y un par de piedras. Hoy, con una mirada más adulta, este relato cobra más fuerza para mí. El menor de sus hermanos, el pequeño pastor de ovejas de hermoso parecer, se presenta en el campamento de Israel, para llevar provisiones a sus hermanos y obtener noticias de ellos. Justo en ese preciso instante el gigante Goliat se presentaba tal lo había hecho por la mañana y por la tarde, durante cuarenta días… ¡CUARENTA DÍAS!, ¿puedes creerlo?, habiendo un ejercito con espada y armadura, hombres de guerra dispuestos a todo; o al menos de palabra, pues durante todo ese tiempo ni siquiera uno de ellos se atrevió a hacerle frente al gigante Goliat… he meditado en la cantidad de veces en que actuamos de la misma forma, en que vemos el valle desierto ante nosotros y nuestro contrincante esperándonos del otro lado, ofreciéndonos un “trato justo”, el perdedor servirá al vencedor, no hay trampas en ello…¿Cómo es posible que entre tantos hombres de Dios, ninguno se sintiera “tocado” o herido por las palabras y burlas del filisteo?, ¿Cómo entendemos que el fuego de Dios, “el celo de Dios” no los llevara a la batalla?... la respuesta es simple, Israel vio al Gigante y todas las historias que habían oído de sus antepasados, sobre los grandes prodigios y milagros que Jehová había hecho a favor de ellos, se desvaneció con cada palabra que pronunciaban los labios de Goliat… ¿Cuál es nuestro fundamento hoy?¿qué tan firme es nuestra convicción de que Dios puede hacer lo que para nosotros es imposible?...
… “Porque ¿quién es este filisteo incircunciso, para que provoque a los escuadrones del Dios viviente?” (1Sam 17, 26), que notable diferencia en la reacción del joven, con respecto a los demás cuando oyó al gigante, David no hace alusión a sí mismo, sino a Dios, él establece su calidad de hijo del Dios viviente, delante de un “inconverso”, de un hombre cuyo corazón está con otros dioses, David nos muestra la certeza que hay en corazón, la seguridad que radica en el Dios a quien sirve, ¿y los escuadrones del “Dios viviente”?, por supuesto, turbados y atemorizados viendo como todo ocurría.
Cuando David habló con Saúl, aún el mismo rey trato de convencerlo de que era imposible que él, siendo un muchacho venciera aun gigante armado y adiestrado para la batalla desde su juventud, sin embargo, cuando la confianza del corazón de un hombre está puesta SINCERAMENTE en Dios, no hay forma de convencerle de lo contrario, esa tarde Dios había dispuesto glorificarse en un niño… Sin estar acostumbrado al peso de una armadura, decidió sin ella, dirigirse a la batalla tan solo con una honda, cinco piedras y su cayado de pastor.
Veamos las dos caras de la moneda, por un lado Goliat, con su armadura, su espada y su jabalina y por el otro un muchacho con un palo, una honda y cinco piedras, con razón Goliat se sintió confiado en la victoria, miro su condición y creyó que eso era suficiente. Si David hubiera hecho lo mismo, personalmente creo que habría salido corriendo, pero como dije antes, su excepcional convicción, logró mover el brazo del omnipotente a su favor…
“Tú vienes a mí con espada y lanza y jabalina; mas yo vengo a ti en el nombre de Jehová de los ejércitos, el Dios de los escuadrones de Israel, a quien tú has provocado. Jehová te entregará hoy en mi mano, y yo te venceré, y te cortaré la cabeza, y daré hoy los cuerpos de los filisteos a las aves del cielo y a las bestias de la tierra; y toda la tierra sabrá que hay Dios en Israel. Y sabrá toda esta congregación que Jehová no salva con espada y con lanza; porque de Jehová es la batalla, y él os entregará en nuestras manos.” (1Sam 17, 45-46), que extraordinario discurso, que pasión en cada frase, que seguridad destilaban cada una de sus palabras, en ningún momento David confió en sí mismo, en ningún momento trato de defender su propio honor, por favor es ilógico pensar que Dios necesita que alguien lo defienda, menos alguien como nosotros, sin embargo nuestro Padre anhela esa dependencia de nuestro corazón, ese reconocimiento que no sólo fluya en los momentos buenos, sino con mayor razón en aquellos donde todo es adverso, como él mismo dijo, esa tarde el muchacho fue el instrumento que Dios usó, para demostrar “que Jehová no salva con espada y con lanza” y que “de Jehová es la batalla”… el resto de la historia ya es obvio, con una pequeña piedra, el niño venció al gigante y con su propia espada le corto la cabeza, lo gracioso fue, que una vez que el pueblo vio el desenlace de la batalla, volvió a recordar su objetivo y dando un grito de guerra, corrieron tras los filisteos para darles muerte. La pregunta es ¿de que lado esperamos estar nosotros?, podemos ser como David o como el resto de Israel, pero déjame decirte algo, solo un David mueve la mano de Dios a su favor, solo un David da esos maravillosos pasos de fe…
Creo que la historia de David es bastante popular entre los creyentes, recuerdo haberla oído cientos de veces, un relato tan maravilloso, donde un pequeño niño se enfrentaba a un gigante, sin más que una onda y un par de piedras. Hoy, con una mirada más adulta, este relato cobra más fuerza para mí. El menor de sus hermanos, el pequeño pastor de ovejas de hermoso parecer, se presenta en el campamento de Israel, para llevar provisiones a sus hermanos y obtener noticias de ellos. Justo en ese preciso instante el gigante Goliat se presentaba tal lo había hecho por la mañana y por la tarde, durante cuarenta días… ¡CUARENTA DÍAS!, ¿puedes creerlo?, habiendo un ejercito con espada y armadura, hombres de guerra dispuestos a todo; o al menos de palabra, pues durante todo ese tiempo ni siquiera uno de ellos se atrevió a hacerle frente al gigante Goliat… he meditado en la cantidad de veces en que actuamos de la misma forma, en que vemos el valle desierto ante nosotros y nuestro contrincante esperándonos del otro lado, ofreciéndonos un “trato justo”, el perdedor servirá al vencedor, no hay trampas en ello…¿Cómo es posible que entre tantos hombres de Dios, ninguno se sintiera “tocado” o herido por las palabras y burlas del filisteo?, ¿Cómo entendemos que el fuego de Dios, “el celo de Dios” no los llevara a la batalla?... la respuesta es simple, Israel vio al Gigante y todas las historias que habían oído de sus antepasados, sobre los grandes prodigios y milagros que Jehová había hecho a favor de ellos, se desvaneció con cada palabra que pronunciaban los labios de Goliat… ¿Cuál es nuestro fundamento hoy?¿qué tan firme es nuestra convicción de que Dios puede hacer lo que para nosotros es imposible?...
… “Porque ¿quién es este filisteo incircunciso, para que provoque a los escuadrones del Dios viviente?” (1Sam 17, 26), que notable diferencia en la reacción del joven, con respecto a los demás cuando oyó al gigante, David no hace alusión a sí mismo, sino a Dios, él establece su calidad de hijo del Dios viviente, delante de un “inconverso”, de un hombre cuyo corazón está con otros dioses, David nos muestra la certeza que hay en corazón, la seguridad que radica en el Dios a quien sirve, ¿y los escuadrones del “Dios viviente”?, por supuesto, turbados y atemorizados viendo como todo ocurría.
Cuando David habló con Saúl, aún el mismo rey trato de convencerlo de que era imposible que él, siendo un muchacho venciera aun gigante armado y adiestrado para la batalla desde su juventud, sin embargo, cuando la confianza del corazón de un hombre está puesta SINCERAMENTE en Dios, no hay forma de convencerle de lo contrario, esa tarde Dios había dispuesto glorificarse en un niño… Sin estar acostumbrado al peso de una armadura, decidió sin ella, dirigirse a la batalla tan solo con una honda, cinco piedras y su cayado de pastor.
Veamos las dos caras de la moneda, por un lado Goliat, con su armadura, su espada y su jabalina y por el otro un muchacho con un palo, una honda y cinco piedras, con razón Goliat se sintió confiado en la victoria, miro su condición y creyó que eso era suficiente. Si David hubiera hecho lo mismo, personalmente creo que habría salido corriendo, pero como dije antes, su excepcional convicción, logró mover el brazo del omnipotente a su favor…
“Tú vienes a mí con espada y lanza y jabalina; mas yo vengo a ti en el nombre de Jehová de los ejércitos, el Dios de los escuadrones de Israel, a quien tú has provocado. Jehová te entregará hoy en mi mano, y yo te venceré, y te cortaré la cabeza, y daré hoy los cuerpos de los filisteos a las aves del cielo y a las bestias de la tierra; y toda la tierra sabrá que hay Dios en Israel. Y sabrá toda esta congregación que Jehová no salva con espada y con lanza; porque de Jehová es la batalla, y él os entregará en nuestras manos.” (1Sam 17, 45-46), que extraordinario discurso, que pasión en cada frase, que seguridad destilaban cada una de sus palabras, en ningún momento David confió en sí mismo, en ningún momento trato de defender su propio honor, por favor es ilógico pensar que Dios necesita que alguien lo defienda, menos alguien como nosotros, sin embargo nuestro Padre anhela esa dependencia de nuestro corazón, ese reconocimiento que no sólo fluya en los momentos buenos, sino con mayor razón en aquellos donde todo es adverso, como él mismo dijo, esa tarde el muchacho fue el instrumento que Dios usó, para demostrar “que Jehová no salva con espada y con lanza” y que “de Jehová es la batalla”… el resto de la historia ya es obvio, con una pequeña piedra, el niño venció al gigante y con su propia espada le corto la cabeza, lo gracioso fue, que una vez que el pueblo vio el desenlace de la batalla, volvió a recordar su objetivo y dando un grito de guerra, corrieron tras los filisteos para darles muerte. La pregunta es ¿de que lado esperamos estar nosotros?, podemos ser como David o como el resto de Israel, pero déjame decirte algo, solo un David mueve la mano de Dios a su favor, solo un David da esos maravillosos pasos de fe…
martes, 17 de agosto de 2010
pensamientos...
De las circunstancias más intensas nacen los sentimientos más profundos, de las vivencias más difíciles, nacen las mejores enseñanzas… es una afirmación que solo el tiempo puede entregar, no hay forma de que estando en medio de adversidades entendamos que algo bueno puede salir de ello. El oro más refinado se obtiene a las más altas temperaturas, así también, el dolor a su manera, logra dejar su marca en nuestro carácter. Digo a su manera, porque no siempre el resultado es positivo. Obstinación, dureza, soberbia, son también huellas de éste. Cuando parece la opción más válida, ¿Cómo evitas que se adueñe de tu interior? ¿Qué se extienda como un cáncer, dejando sólo devastación a su paso? Probablemente sea el camino más largo y complejo, el que necesita mucho más trabajo, y porque no decirlo, también el más tormentoso, sin embargo cuando las motivaciones parecen legítimas poco importa todo lo demás… el orgullo, la soberbia y el resentimiento tienen la capacidad de nublar nuestro juicio, de endurecer nuestra alma y de quitarnos lo mejor que tenemos, lo que es peor, cuando nos damos cuenta de que presa de ellos tomamos decisiones erróneas es mucho más difícil enfrentar aquello que dejamos en el camino. Enfrentar nuestras palabras, sentimientos y tomar los trozos de lo que quedó a nuestro alrededor implica crecer, madurar, sobreponerse, al fin y al cabo igualmente aprendemos, pero el costo es mucho mayor… ¿Cuál es la mejor elección? ¿Cuál es el mejor método?...
la vida tiene formas extrañas de enseñarnos y nosotros mucho más de aprenderlas…
la vida tiene formas extrañas de enseñarnos y nosotros mucho más de aprenderlas…
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)