¿Que es lo que lleva a un hombre a enfrentar lo desconocido?¿a desafiar las posibilidades y la adversidad para obtener la victoria, aún cuando es sumamente imposible?...cada vez que leo la biblia, no puedo evitar pensar que cada uno de esos personajes, no es muy distinto a lo nosotros somos, es probable que neciamente los idealicemos como grandes instrumentos en las manos de Dios, no te equivoques, no digo que no lo sean, simplemente digo, que a pesar de todo el potencial que fluía a través de ellos, nunca dejaron de ser hombres…¿Qué fue entonces lo que marcó la diferencia?... a muchos e oído declarar fervientemente el mensaje de Cristo, proclamar a viva voz sus promesas e incluso instar a otros a tomarlas con fe, pero al momento de tener que usarlas para su propia vida, simplemente sus convicciones se desvanecen…
Creo que la historia de David es bastante popular entre los creyentes, recuerdo haberla oído cientos de veces, un relato tan maravilloso, donde un pequeño niño se enfrentaba a un gigante, sin más que una onda y un par de piedras. Hoy, con una mirada más adulta, este relato cobra más fuerza para mí. El menor de sus hermanos, el pequeño pastor de ovejas de hermoso parecer, se presenta en el campamento de Israel, para llevar provisiones a sus hermanos y obtener noticias de ellos. Justo en ese preciso instante el gigante Goliat se presentaba tal lo había hecho por la mañana y por la tarde, durante cuarenta días… ¡CUARENTA DÍAS!, ¿puedes creerlo?, habiendo un ejercito con espada y armadura, hombres de guerra dispuestos a todo; o al menos de palabra, pues durante todo ese tiempo ni siquiera uno de ellos se atrevió a hacerle frente al gigante Goliat… he meditado en la cantidad de veces en que actuamos de la misma forma, en que vemos el valle desierto ante nosotros y nuestro contrincante esperándonos del otro lado, ofreciéndonos un “trato justo”, el perdedor servirá al vencedor, no hay trampas en ello…¿Cómo es posible que entre tantos hombres de Dios, ninguno se sintiera “tocado” o herido por las palabras y burlas del filisteo?, ¿Cómo entendemos que el fuego de Dios, “el celo de Dios” no los llevara a la batalla?... la respuesta es simple, Israel vio al Gigante y todas las historias que habían oído de sus antepasados, sobre los grandes prodigios y milagros que Jehová había hecho a favor de ellos, se desvaneció con cada palabra que pronunciaban los labios de Goliat… ¿Cuál es nuestro fundamento hoy?¿qué tan firme es nuestra convicción de que Dios puede hacer lo que para nosotros es imposible?...
… “Porque ¿quién es este filisteo incircunciso, para que provoque a los escuadrones del Dios viviente?” (1Sam 17, 26), que notable diferencia en la reacción del joven, con respecto a los demás cuando oyó al gigante, David no hace alusión a sí mismo, sino a Dios, él establece su calidad de hijo del Dios viviente, delante de un “inconverso”, de un hombre cuyo corazón está con otros dioses, David nos muestra la certeza que hay en corazón, la seguridad que radica en el Dios a quien sirve, ¿y los escuadrones del “Dios viviente”?, por supuesto, turbados y atemorizados viendo como todo ocurría.
Cuando David habló con Saúl, aún el mismo rey trato de convencerlo de que era imposible que él, siendo un muchacho venciera aun gigante armado y adiestrado para la batalla desde su juventud, sin embargo, cuando la confianza del corazón de un hombre está puesta SINCERAMENTE en Dios, no hay forma de convencerle de lo contrario, esa tarde Dios había dispuesto glorificarse en un niño… Sin estar acostumbrado al peso de una armadura, decidió sin ella, dirigirse a la batalla tan solo con una honda, cinco piedras y su cayado de pastor.
Veamos las dos caras de la moneda, por un lado Goliat, con su armadura, su espada y su jabalina y por el otro un muchacho con un palo, una honda y cinco piedras, con razón Goliat se sintió confiado en la victoria, miro su condición y creyó que eso era suficiente. Si David hubiera hecho lo mismo, personalmente creo que habría salido corriendo, pero como dije antes, su excepcional convicción, logró mover el brazo del omnipotente a su favor…
“Tú vienes a mí con espada y lanza y jabalina; mas yo vengo a ti en el nombre de Jehová de los ejércitos, el Dios de los escuadrones de Israel, a quien tú has provocado. Jehová te entregará hoy en mi mano, y yo te venceré, y te cortaré la cabeza, y daré hoy los cuerpos de los filisteos a las aves del cielo y a las bestias de la tierra; y toda la tierra sabrá que hay Dios en Israel. Y sabrá toda esta congregación que Jehová no salva con espada y con lanza; porque de Jehová es la batalla, y él os entregará en nuestras manos.” (1Sam 17, 45-46), que extraordinario discurso, que pasión en cada frase, que seguridad destilaban cada una de sus palabras, en ningún momento David confió en sí mismo, en ningún momento trato de defender su propio honor, por favor es ilógico pensar que Dios necesita que alguien lo defienda, menos alguien como nosotros, sin embargo nuestro Padre anhela esa dependencia de nuestro corazón, ese reconocimiento que no sólo fluya en los momentos buenos, sino con mayor razón en aquellos donde todo es adverso, como él mismo dijo, esa tarde el muchacho fue el instrumento que Dios usó, para demostrar “que Jehová no salva con espada y con lanza” y que “de Jehová es la batalla”… el resto de la historia ya es obvio, con una pequeña piedra, el niño venció al gigante y con su propia espada le corto la cabeza, lo gracioso fue, que una vez que el pueblo vio el desenlace de la batalla, volvió a recordar su objetivo y dando un grito de guerra, corrieron tras los filisteos para darles muerte. La pregunta es ¿de que lado esperamos estar nosotros?, podemos ser como David o como el resto de Israel, pero déjame decirte algo, solo un David mueve la mano de Dios a su favor, solo un David da esos maravillosos pasos de fe…
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